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Paseaba un día por las cercanías de nuestro pueblo, sintiendo la tranquilidad y la serenidad en el olvido de la ciudad y la aglomeración, que por suerte no invade todos los lugares, y un típico: Eeeh!, me devolvió bruscamente a la realidad.
Al girarme para ver de donde procedía el grito vi angustiado a dos hombres de verde camuflaje con escopeta y perros. Pensé: “mierda, ya están estos otra vez por aquí. Habrá que llevar cuidado.” Claro, todavía no había tenido el placer de leer a nuestra querida concejala de Medio Ambiente donde informaba de los días previstos para cazar y pedía precaución a los montañeros y que no abandonemos sendas ni caminos, supongo yo que para evitar ser disparados... Posteriormente en la prensa nacional y provincial leía como en poco más de un fin de semana habían muerto dos cazadores a disparo de su propia arma y antes de éstos dos un recolector de setas por el disparo “accidental” de un cazador. Con todo ello todavía no me decidí a escribir nada, pero inmediatamente en la prensa local entrevistan a un cazador para intentar cambiar la imagen que se tiene sobre ellos, todavía faltaba algo de motivación para escribir. Casualidades de la vida, al salir otro día a pasear por los alrededores (menos mal que no era día de caza y podía no llevar cuidado de las escopetas), tuve el gran placer de encontrarme los cartuchos de las escopetas, ahí tirados, como si fuera un elemento natural más inherente a la montaña. Ya no podía callarme, no decir nada, y dejar que la cosa siguiera igual. Leyendo la entrevista de la prensa local al cazador parece que todo, y lo único que hacen en la montaña, es bueno para ella. Que disparan únicamente cuando el objetivo es harto reconocido, como ocurrió en Yeste, Albacete, que un recolector de setas en realidad era un jabalí y por eso disparó el cazador. O que llevan mucho cuidado con las escopetas y no se dispararán accidentalmente. Y que en Villareal y Viver fue un “espíritu maligno” quien disparó y no fue que se dispararon “accidentalmente” las escopetas. La concejala dice que la organización es respetuosa, que tiene unas normas y que denuncia a los cazadores ilegales y que el resto deben ir debidamente señalizados. Claro que denuncian a los cazadores ilegales, encima que crean mala fama les están quitando sus presas. Y por supuesto que van bien señalizados, llevan una escopeta y perros, porque la ropa de camuflaje no es que se vea claramente, salvo en zonas más áridas de lo normal y el verde resalte por encima del marrón grisáceo de la tierra. A su favor diremos que tal y como están nuestros alrededores es muy bueno que haya algún colectivo que se encargue de devolverle a la naturaleza parte de lo que le hemos quitado manteniendo algunos campos cultivados para que tengan comida, llenando los bebederos, etc. Ya que la presión de la civilización ha hecho que numerosas fincas se hayan dejado de cultivar, y los acuíferos sean explotados para consumo humano, dejando recursos escasísimos para su supervivencia. Incluyendo la fuerte presión sobre su territorio, cantidad de montañeros, buscadores de caracoles, setas, cazadores y cualquier otro agente que vague por la montaña. Pero en la entrevista se dice que se recoge la basura generada y es más, la que dejan otros en el monte. ¿Qué los cartuchos no son basura? ¿Qué el plomo, el plástico y el acero son biodegradables? ¿O son beneficiosos para el medio ambiente y por eso se dejan en él? ¿O cuando se dispara y los dejan caer están ya fríos y no hay riesgo de incendio? ¿Dejarlos por ahí tirados, sin recoger, lo hacían cazadores de antes? ¿Incluso los que todavía no se han oxidado, es decir, los de esta temporada? Ya que como se ven en las fotos encontré un cartucho de hace mucho tiempo muy oxidado y sin parte de plástico, otro muy oxidado, con el plástico agrietado y descolorido por el sol y uno más casi sin oxidar, con la parte de plástico sin agrietar y con todo su color y letras. Con esto está claro que los cazadores de hace mucho tiempo, los de hace menos tiempo y los de ahora continúan dejando los cartuchos allá donde disparan. 
Sabemos que estos colectivos no van a desaparecer, pero queremos que se conciencien más a la hora de entrar en la veda de caza, llevando más cuidado hacia lo que disparan, recogiendo toda la basura, incluyendo sus cartuchos, y respetando a los demás que también quieren disfrutar del medio ambiente sin tener que ir a lugares lejanos y protegidos. Y evitar que hayan problemas que nadie quiere y convivir en armonía todos los colectivos, aunque no nos agrade mucho lo que el otro hace. En definitiva, cada colectivo, cada persona, debe respetar al otro y sobre todo al medio más indefenso de todos, el natural. Queremos que se minimice el impacto que allí genera la presencia de seres humanos y mejorar, o siendo realistas, no empeorar, el medio al cual pertenecemos. En este caso nos dirigimos a los cazadores, pero parte de este artículo se podría aplicar a cualquier persona que estando en la montaña, no la respeta lo suficiente. A |